Menos diversidad, más desconcierto ambiental

Ante la pérdida de la biodiversidad cualquier acción, por más pequeña que sea, puede generar un cambio.

Por: Eco Maxei

La alarmante noticia que recibimos hace unos días sobre aquellas especies que han desaparecido debido a diferentes factores como el cambio climático o el tráfico ilegal de animales o plantas exóticas, ha hecho que muchas organizaciones sin fines de lucro e incluso activistas ambientales alcen su voz en contra de la extinción de estas especies que son importantes para nuestra existencia.

Por ejemplo, el oso de anteojos es una especie de oso andino que habita en la cordillera de los Andes y su función principal es esparcir las semillas del frailejón en los ecosistemas de páramo. Este método de polinización es muy importante para las personas que habitan cerca de estos ecosistemas, ya que de allí obtienen agua dulce para subsanar sus necesidades básicas diarias.

Es por esta razón que la biodiversidad ha jugado un papel importante en todo el mundo. Ya sea con la creación de áreas protegidas o con la formulación de estrategias para conservar aquellas áreas que son catalogadas como ecosistemas estratégicos, se busca garantizar una armonía entre el ser humano y la naturaleza. Pero el principio 1 de la Declaración de Río no ve el vivir en armonía como un requisito, sino como un derecho:

Los seres humanos (…) tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza.

Esto significa que la humanidad no ha “sido capaz de verse a sí misma como una parte integral de la Naturaleza”. Por lo que nuestra supervivencia “depende de elecciones sabias sobre cómo coexistir con la Madre Tierra”.

En otras palabras, ecosistemas como el bosque húmedo del Amazonas, el desierto del Sahara o los humedales RAMSAR, están conectados entre sí debido a que las sinergias naturales como las fuertes lluvias, sequías, terremotos, ciclones y demás fenómenos naturales, se regulan entre sí cuando los ecosistemas están en equilibrio. Sin embargo, esta conexión no es sólo entre la misma biodiversidad, sino que el ser humano ha generado una conexión con la naturaleza, ya que de ella obtenemos una gran variedad de servicios ecosistémicos, como materia prima para la producción de alimentos o medicamentos.

Pero desafortunadamente no logramos visualizar esta conexión y su importancia, ya que cada generación ha sido educada de una manera diferente y como consecuencia, actuamos de maneras diferentes. Pero no se trata de juzgar acciones sino de entender la incidencia que tienen nuestras decisiones para reducir nuestro impacto ambiental. Es por esto que todavía hay esperanza. Gracias al compromiso de la sociedad civil por hacer algo, se han podido crear espacios de participación ciudadana en donde diferentes actores no estatales debaten sobre la importancia de incluir a los jóvenes, comunidades indígenas, campesinos y afrodescendientes, entre otros, en la toma de decisiones para garantizar de esta manera una sostenibilidad ambiental real, que abarque todas las necesidades y puntos de vista de la sociedad.

Para finalizar, los invito a evaluar sus convicciones ambientales y de manera honesta tomar una decisión, no hay respuestas verdaderas o erróneas. Simplemente, pensemos en las consecuencias de nuestras acciones y la manera como éstas han afectado a la biodiversidad. De igual forma, los invito a ser parte de grupos ambientales y realizar trabajo de voluntariado para replicar así las buenas acciones, que sin importar cuán pequeñas sean, siempre van a generar un gran cambio

Fuente: www.ecoosfera.com

En esta villa todas las casas están hechas de botellas de plástico

Seguramente no dudarías ni un segundo en vivir en este encantador pueblo lleno de conciencia.

Por: Ecoosfera

El plástico está en todo: incluso en lo que comemos. Así de feo como es, este material ha logrado conquistar todo el mundo y nos ha vuelto sumamente dependientes a él. Y todo ello pese a que una vida sin plástico es totalmente posible –y totalmente deseable–.

Lo peor de todo es que el plástico es sumamente difícil de reciclar. Pero la creatividad no tiene límites. Así lo demostró el empresario canadiense Robert Bezeau, quien puso los primeros cimientos –plásticos– de la Plastic Bottle Village, en Bocas del Toro, Panamá.

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Es en esta isla donde Bezeau ha construido decenas de estructuras con botellas de plástico en lugar de ladrillos. Su objetivo no es sólo demostrar que algo se puede hacer con toda la basura plástica que ya hay, sino hacer conciencia sobre la urgencia de que se generen más y mejores propuestas para reciclarla.

El resultado de su proyecto es inspirador. Y no podrás creer lo hermosos que son los terruños que este empresario ha creado a partir de horrendas botellas de plástico.Incluso erigió una “cárcel”, donde metafóricamente se encerraría a todos los que cometen daños al planeta. Aunque por ahora sólo sirve para generar conciencia sobre el problema de la contaminación plástica, al igual que el museo al interior de esta insólita villa. 

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Fuente: www.ecoosfera.com